VEJEZ DIVINO TESORO
- Publicado, sábado, 18 de septiembre de 2021 --
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“Dejame ser viejo, orgullosamente viejo”
Cuando llega el momento en el que el adulto mayor manifiesta síntomas de ancianidad, el entorno y no precisamente el anciano mismo, comienza a tomar decisiones apresuradas y a destiempo, por lo general, sin consultar, informar o preguntar al mayor, que anulan la vida y voluntad particular de la persona; mucho más si estamos hablando de una posible institucionalización.
Se intenta promover una ancianidad libre, en donde la persona tenga el control de su vida hasta el último aliento. Se trata de derribar los mitos alimentados por un supuesto amor anulador por parte de hijos y profesionales para defender el derecho a la dignidad de la vejez.
Cuando hablamos de respetar la libertad del adulto mayor, hacemos referencia a lo que implica, por ejemplo, elegir estar en su casa, con sus recuerdos, sus vecinos, su marco de referencia, sin la institucionalización (excepto en estados físicos que lo requieran) y con una sensibilidad social que facilite los acompañamientos necesarios para poder salir, para tener afecto, una vida cultural, sexual, y tener derecho a atender no solo lo imprescindible sino lo que te permite vivir dignamente.
En el nombre del amor, bajo el deseo de bienestar y cuidado del mayor se esconde a veces el deseo de que el viejo no complique la vida del joven, con su libertad. En el nombre del amor se le quita la libertad en cierta forma y comienzan a borrar, y anular todo aquello que se salga del marco de las necesidades básicas de un sujeto para vivir (comida, higiene personal, prevención de caídas, suministro de medicamentos, etc.).
Llega ese momento de la vida, en el que pareciese que se tratase de decidir: la libertad del otro (del viejo) o la propia (del joven), cuando en realidad se trata de respetar al otro sin morir en el intento, sin dejar la vida por el otro o satisfaciendo al pie de la letra todo lo que pida, de dejarlo ser, aunque sea viejo, aunque después se olvide, aunque total ya no camine.
Ese viejo, no nos olvidemos que es quien contribuyo a la sociedad, tomo decisiones y lucho como lo hace, el joven de hoy.
Ps. Carolina Coroso (Mat. 4928)
