BIEN ESTAR
- Publicado, sábado, 14 de agosto de 2021 --
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Por Ceci Mijich
Sin dudas, esta pandemia trajo consecuencias gravísimas en nuestra sociedad y en nuestras vidas. Pero hoy los invito a que exploremos algunos de los mensajes que nos pueden ayudar a mejorar nuestra calidad de vida y alcanzar nuestro bienestar, solo si interpretamos algunos de los costados positivos que tuvo esta crisis sanitaria.
De repente el mundo se detuvo y nuestras costumbres y actividades cambiaron sustancialmente. Como si el planeta estaría intentando que comprendamos que ya no podemos seguir viviendo de esta forma. Nuestros tiempos cambiaron y si miramos en retrospección podemos decir que se parecieron mucho más a los de la propia naturaleza.
Donde los ciclos no se pueden acelerar, donde los frutos son variables y dependen de factores externos, pero también de los internos. De repente el reloj se detuvo, la prisa que llevamos en nuestra vida cotidiana se estancó y nos encontramos encerrados en nuestras casas: sin contacto con el afuera, sin relaciones, sin apuros.
El alimentarnos es parte de la armonía que necesitamos en un mundo que nos pone en jaque. Cuidar el planeta, respetar la naturaleza y aprender a alimentarnos es parte de la desintoxicación que necesitamos.
Nuestro país no solo atraviesa enormes desigualdades que traen aparejadas violencia y pobreza. Otras de las contracaras de esta realidad es que en Argentina el 61,6 % de las personas tiene sobrepeso u obesidad y el 12,7 % padece de diabetes. Por eso en este capítulo los invitamos a explorar las oportunidades que surgen de un nuevo concepto de alimentación consiente.
No solo es importante que comemos, sino como lo hacemos y el tiempo que dedicamos a esta tarea clave para nuestra vida. Hoy se discute en Argentina el proyecto de Ley de etiquetado frontal de alimentos que surge como una propuesta para prevenir y combatir enfermedades que surgen a partir de nuestra alimentación.
El mismo consiste en colocar sellos negros con forma de octágono y la advertencia de “exceso” en el frente de todos los envases de productos que tengan altos contenidos de sodio, azúcares, grasas saturadas, grasas totales y calorías. Los intereses son muchos, dejar de alimentarnos con productos industrializados y procesados es un desafío enorme. Retomar prácticas de nuestros ancestros pareciera ser el camino.
¿Volveremos a nuestras huertas en casa? ¿Seremos capaces de tomarnos el tiempo para elaborar nuestros alimentos y consumirlos conscientemente? Medir la huella ecológica que consumimos será tema de nuestros próximos encuentros, mientras tanto la invitación a empezar a prestar atención a que comemos y como comemos es la que dejamos el día de hoy en esta columna.
