El consumo de carne vacuna en Argentina registró su mínimo histórico al ubicarse por debajo de los 50 kilos anuales por habitante
- Publicado, miércoles, 17 de junio de 2026 --
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El consumo anual per cápita de carne vacuna en Argentina experimentó una fuerte contracción, quebrando la barrera histórica de los 50 kilos por habitante. De acuerdo con los últimos informes sectoriales, este registro representa el nivel más bajo desde que se tienen estadísticas oficiales en el país, consolidando una tendencia a la baja que se viene profundizando en las últimas décadas.
El principal factor detrás de este retroceso es de carácter macroeconómico: la persistente pérdida del poder adquisitivo de los salarios frente a la inflación y la devaluación de la moneda local. Al verse restringida la capacidad de compra de los hogares, la carne vacuna —cuyo precio en el mostrador asimiló los aumentos de los costos de producción y la presión de los mercados internacionales— comenzó a ser racionada o desplazada de la dieta diaria.
Esta caída en el segmento vacuno no implicó un descenso idéntico en el consumo total de proteínas animales, sino que disparó un marcado proceso de sustitución hacia fuentes más competitivas en términos de precio. Actualmente, la carne aviar (pollo) se consolidó como la principal alternativa, alcanzando un promedio de entre 45 y 50 kilos anuales por habitante, una cifra que ya iguala o supera de manera intermitente a la carne vacuna. En paralelo, la producción y el consumo de carne porcina (cerdo) continuaron su senda de crecimiento, consolidándose por encima de los 15 kilos per cápita al año gracias a una mayor diversificación en la oferta de cortes frescos.
Al consolidar la canasta cárnica total —que engloba las variantes vacuna, aviar y porcina—, el volumen anual por habitante se mantiene en niveles elevados a escala internacional, superando los 110 kilos. Sin embargo, la participación relativa de la carne bovina dentro de esa matriz energética se encuentra en su mínimo histórico.
Por el lado de la oferta, el fenómeno también responde a condicionantes estructurales y demográficos. El stock ganadero nacional se mantiene estancado desde hace varias décadas en una ventana que oscila entre las 52 y 54 millones de cabezas de ganado. Debido al crecimiento demográfico vegetativo de la población argentina, la relación de animales por habitante disminuyó de manera sostenida. Al no registrarse saltos disruptivos en los índices de procreo o en el peso promedio de faena, la disponibilidad física de carne para el mercado interno se reduce de forma matemática ante el incentivo o la necesidad de mantener los saldos exportadores de la industria frigorífica.
