A 40 años de la gran inundación en Rosario: Estudiantes de Educación Física ejemplo de solidaridad bajo el agua
- Publicado, domingo, 26 de abril de 2026 --
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Relato en primera persona por Omar “Nikita” Latini desde Caleta Olivia en exclusiva para 341Media.
Durante la inundación de Rosario en abril de 1986, alumnos del ISEF N° 11 organizaron actividades recreativas y de contención en el Parque Independencia para niños de familias evacuadas de Empalme Graneros. Los estudiantes utilizaron instalaciones del Club Newell's Old Boys para transformar un entorno de tragedia en un espacio de juego, marcando un hito de solidaridad en la historia local, como recuerda atinadamente el diario Clarín.
Las crónicas de la época, incluyendo coberturas de medios nacionales y locales, documentaron la labor de los estudiantes del ISEF N° 11 en el Parque Independencia y el club Newell's Old Boys durante esa inundación.
Las fotos de archivo muestran a los alumnos de educación física en los gimnasios de Newell's y zonas secas del Parque Independencia rodeados de niños. En ellas se ve el uso de pelotas, aros y juegos de ronda, técnica que aplicaron para distraer a los más pequeños del drama familiar.
Además, existen tomas de los pasillos de Newell's convertidos en dormitorios improvisados, con voluntarios del ISEF ayudando a las familias a acomodarse.
La cobertura del diario Clarín de aquel entonces (abril de 1986) titulaba sobre la "solidaridad rosarina" y destacaba cómo los futuros profesores transformaron la angustia en juego. Estas páginas suelen ser exhibidas en muestras de memoria del barrio Empalme Graneros.
Testimonios de los ex alumnos:
Muchos de aquellos “viejos” estudiantes son hoy profesores jubilados o referentes del deporte en Rosario y en los pueblos de la región. En sus relatos coinciden en el siguiente punto: "El juego como refugio": Los testimonios indican que la consigna del ISEF fue "hacer que los chicos vuelvan a ser chicos" a pesar de que sus padres habían perdido todo bajo dos metros de agua. Muchos ex alumnos declaran que esa experiencia fue su "primera clase real", aprendiendo que la educación física es, ante todo, una herramienta social.
La inundación más emblemática en Rosario que cumple 40 años próximamente (ocurrida en abril de 1986) fue la catástrofe causada por el desborde del Arroyo Ludueña. Este evento es recordado como la peor catástrofe natural en la historia moderna de la ciudad, afectando principalmente a los barrios del noroeste.
En primera persona
Por entonces cursaba el cuarto y último año del Profesorado de Educación Física N° 11 en la sede de Granadero Baigorria, y era el Secretario General del Centro de Estudiantes, junto al Presidente Ariel Borgiani de Cruz Alta y un fabuloso grupo de chicos de la zona.
En Bigand, nací y me crié; los martes y jueves trabajaba entrenando futbol en el querido Club Sporting.
Como la mayoría de los miércoles, a las 7 de la mañana, estaba haciendo “dedo” en la salida del pueblo rumbo a Rosario, porque a esa hora pasaba el camión del “Vasco Artola” y seguro me llevaba. En ese momento comenzó a caer una llovizna tenue.
Así tipo 9 de la mañana llegué a la casita (bautizada “La Mansión”) que prestaba el amigo de mi viejo Juan Selak en calle Gutenberg y esquina Pellegrini (cuando todavía era de tierra); me encontré con 5 cm de agua adentro, le puse unos ladrillos a la cama, la heladera y la mesa para que no se mojen tanto y me “autoevacué”.
Fui al departamento de una compañera donde habíamos quedado en juntarnos a estudiar; al mediodía nos informamos que se habían suspendidos las clases en el Instituto, y no se podía llegar a Granadero Baigorria por las calles cortadas. Esa noche dormí ahí con 2 colchones en el piso junto a 4 compañeros más.
Vamos Newell’s…
No recuerdo cómo hicimos para convocarnos porque no había celulares ni WhatsApp, sólo algunos tenían teléfono fijo, pero a media tarde ya éramos un grupo de 20 a 30 alumnos dispuestos a ayudar a las familias que iban llegando al gimnasio cubierto con sus pocas pertenencias. No había ninguna autoridad que coordinara en ese momento.
El profe Pablo nos cedió su oficina, y ahí montamos una guardia telefónica para coordinar con el centro de taxis la búsqueda y recepción de donaciones.
Acto 1: La primera prueba difícil fue entregar un poco más de 40 colchones para 900 personas desesperadas porque habían perdido todo. Al primer intento recibimos empujones, patadas y alguna que otra cachetada. Al segundo intento armamos un “scrum” de rugby con Roberto Crosta y los más grandotes adelante. Así recorrimos el perímetro del gimnasio y luego las tribunas; dejando un colchón por familia para que duerman un poco más cómodos los chicos.
Acto 2: La noche fue dura pero tranquila, entre llantos, insomnios, pedidos de leche o pañales. Amaneció con mucho olor a humedad y encierro, lo que hacía difícil respirar dentro del lugar. Llegó la primera buena noticia con una cocina del ejército que comenzó con un mate cocido caliente para todos y después un buen guiso. Al mediodía, ya eran 2.000 los evacuados en el gimnasio del club; en esa cola interminable encontré a “Fatiga”, un pibe de mi pueblo (Bigand) con quien solíamos compartir “picaditos” de futbol en la cancha auxiliar de Sporting, y algunos mates en su casilla de chapa en la esquina más pobre de la localidad. Tras un abrazo interminable, (no voy a negarlo) se nos cayeron unas lágrimas.
Acto 3: Al otro día, la lluvia había cesado, pero el agua seguía en las casas. Algunos sectores del Parque Independencia se estaban secando con el sol de la tarde. Y ahí fuimos de nuevo con una gran clase colectiva, mis compañeros estudiantes (ahora sí me saco el sombrero) organizaron juegos recreativos con algunos pocos elementos que ellos mismos llevaron. Y ahí estuvo un cronista del diario Clarín para una nota y una foto que nos llena de orgullo hasta el día de hoy. Tendría que nombrarlos a todos; Graciela, Judith, Miguel, Fredy los van a representar en estas líneas…
Fueron muchos los barrios de la ciudad afectados, los gimnasios se fueron vaciando de a poco; miles de familias quedaron con secuelas por mucho tiempo, cientos de héroes anónimos realizaron una gran gesta de “solidaridad rosarina” y -yo también agrego- de los pueblos vecinos que enviaron ayuda.
A 40 años de esa proeza, sigo recordando caras y testimonios, y la madurez de esos jóvenes estudiantes para enfrentar una adversidad, y a los que la vida después nos diseminó por distintos rincones de Argentina.
Esta y otras situaciones nos forjaron y nos unieron, y aunque ustedes no lo crean, 41 de aquellos “héroes” estamos todavía en contacto por un grupo de WhatsApp, organizando nuestro próximo encuentro por el 40 Aniversario de nuestro egreso porque, al fin y al cabo, si el tango dice que 20 años no es nada.... ¡imaginate 40!
Omar Latini. Profesor y ex Supervisor de Educación Física. Desde Caleta Olivia Provincia de Santa Cruz
