¿VOLVIMOS A LA NORMALIDAD?

Los efectos de la Nueva Normalidad: una Normalidad Diferente

Por Carolina Coroso (Mat. 4928)

La Nueva Normalidad es algo a lo que poco a poco nos fuimos habituando; llevamos a cabo costumbres nuevas por casi dos años, como el hecho de colocarnos una mascarilla, guardar una cierta distancia de seguridad con las demás personas, así como profundizar los hábitos de higiene.

Ya estamos transitando un momento de mayor relajación a partir de la llegada de las vacunas. A pesar esto, todo lo vivido en este tiempo, dejo secuelas emocionales y psicológicas en personas que ya habían padecido ciertos trastornos y los habían superado, y en otras que lo experimentaron por primera vez como consecuencia de la pandemia. Nos estamos refiriendo al estrés, el miedo y la ansiedad, además de sentimientos de inseguridad.

Los signos que nos muestran que una persona esté pasando por un estado de ansiedad, miedo o estrés se conocen por los cambios que se observan en su forma de  enfrentarse a las tareas habituales. La falta de sueño o el insomnio en adultos, sensación de ahogo o necesidad de llorar, son síntomas claros de que algo no está bien.

Estos síntomas pueden aparecer debido a los cambios a los que las personas se han visto expuestas de manera involuntaria durante la pandemia. Otro de los factores que ha afectado significativamente a muchos adultos es la saturación de información, con mensajes preocupantes debido a la realidad de la pandemia. Una exposición controlada a la información que  llega es necesaria así como también, encontrar actividades gratificantes en el día a día.

Cuando presentamos sentimientos que nos impiden realizar el trabajo diario, atender a nuestra familia como de costumbre o salir a realizar las tareas habituales, es el momento de acudir a un profesional, para aprender a controlar lo antes posible esta situación.

Mientras duro el confinamiento y hasta la llegada de las vacunas, hemos experimentado muchas emociones. Nuestra seguridad ante lo conocido, de repente, desapareció. Nos hemos visto inmersos en un remolino intenso de emociones o sensaciones: miedo, tristeza, angustia, inseguridad o incertidumbre, ansiedad, impotencia. Se trata de reacciones “normales” frente a situaciones “inusuales y de crisis grave”

Hemos ido desarrollando nuestro mecanismo de adaptación para sobrevivir a una situación excepcional.

La resiliencia es el quid de la cuestión. Todos somos resilientes, en mayor o menor medida. Y cada uno utiliza estrategias de afrontamiento emocional ante la adversidad según sus vivencias, creencias, aprendizajes o sus valores. Lo normal es sentir angustia ante lo desconocido. Podemos percibirlo con el miedo de no saber qué va a suceder, o por el contrario, con la ilusión de vivir una nueva experiencia de la que podríamos disfrutar, aprender y crecer.

Ya nos lo dijo Darwin: “No es la especie más fuerte la que sobrevive, tampoco es la más inteligente. La que sobrevive es aquella que se adapta mejor al cambio”



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