Desde el Var

C’EST FINI: Por Santiago Izaguirre

“Y con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas”, escribió Serrat seguramente un domingo después de la final de algún mundial. Claro, la fiesta más grande del fútbol ya es historia y habrá que esperar, escuche bien: 4 años… y medio más. Porque Qatar 2022 lo veremos sin buzo ni cuellera albiceleste sino con havaianas y tatuajes a la vista, ya que se jugará entre noviembre y diciembre.

La histeria y el caos que imperó en nuestra selección no debería empañar un mundial muy entretenido y donde murieron varios mitos: ya no se gana con la camiseta y las grandes acumulaciones de estrellas no hacen un firmamento asombroso, entre otros. La cantidad de gente maldiciendo lo que pronosticaron en el prode es una poderosa muestra.

Ni España, tampoco Brasil y mucho menos Alemania estuvieron cerca de definir el mundial a pesar de ser quienes mayores pergaminos presentaron al arribar al aeropuerto de Moscú. Sin embargo, selecciones que llegaron con mayor proyección o potencial que presente, pudieron cosechar la siembra que inició en Brasil 2014 cuando tanto Francia como Bélgica hicieron sapito en cuartos o los ingleses que no superaron la fase de grupos y tuvieron que purgarse.

Si hubiera elecciones en el gremio de futbolistas, votaría Hazard conducción. El belga hizo gala de todo su talento para llevarla atada y hacia adelante, sobre todo eso. Tomó los riesgos de ir hacia adelante y de pedirla en los partidos más jodidos. Para mí, el Balón de Oro era para él. Luka Modric, lo más parecido a Droopy que tuvo Rusia 2018, es un justo ganador de tal premio. Pero el diferencial que tiene Hazard es el desparpajo para conducir hacia adelante como si no hubiera un mañana. Siempre tocar para el costado o dar la vuelta, es más seguro. Pero nada se compara con la gambeta que abre una defensa, hasta entonces, impenetrable o que despatarra al lateral izquierdo.

La explosión, tan precoz como auspiciante, de Mbappé es una brisa de aire fresca para renovar los posters que los futboleros pegan en sus piezas. Mientras Messi y Cristiano tropezaron temprano (aunque el luso tuvo una inolvidable noche contra España) y Neymar sigue sin arrebatarle el trono, el velocista francés juega sin saber que está jugando, como un niño. Sin dudas, Rusia 2018 ha dado luz a una estrella. Ese es Mbappé.

Harry Kane es una fiera. En la columna Las Apuestas se escribió: “la Bota de Oro, que suele tener un ganador sorpresivo (recordar a James Rodríguez, Davor Suker o Toto Schillaci), me la puedo imaginar en manos de Harry Kane cosechando varios goles en fase de grupos o en la vitrina personal de Edinson Cavani”. Kane la mandó a guardar 6 veces en Rusia, pero le faltaron los goles en instancias decisivas. Después del penal convertido ante Colombia, no concretó en el suplementario aquel, tampoco contra Suecia ni frente a Croacia y mucho menos contra Bélgica. Kane abusó de Túnez y Panamá, no mucho más.

El Guante de Oro para Courtois tenía dueño: Hugo Lloris. Pero el galo se mandó una macana increíble y el belga sonrío. Ambos lo merecían. Fueron, junto a Pickford, los tres mejores arqueros de la cita mundialista. El ex Aleti, hoy en Chelsea, tiene una proyección enorme y este premio no hará más que potenciar su gran momento.

Rusia 2018 bajó sus persianas pareciendose a una Eurocopa cualquiera. Pero en la memoria de los futboleros también habrá memoria para la volea de Pavard contra nosotros, el gol por debajo de la barrera de Juanfer Quintero, la función deluxe de Cavani contra Portugal, la remontada belga contra Japón, el nocaut coreano a Alemania y el fotógrafo salvadoreño haciendo un primerísimo primer plano del gol de Mandzukic a los ingleses. Qatar 2022, allá vamos.

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