DESDE EL VAR

Messi: El reloj y la valija – Por Santiago Izaguirre

Sobre el reloj. Cuenta la historia que en un fino restorán de Nueva York se sentaron, frente a frente, Pep Guardiola y Garry Kaspárov. El gran maestro del ajedréz, campeón mundial desde 1985 al 2000 y referente opositor de Vladimir Putin, le contó al entrenador que apenas se consagró campeón mundial supo quién iba a derrotarlo. Pep Guardiola quiso adivinar, buceando entre nombres de ajedrecistas conocidos, pero fue en vano. Guardiola se rindió y preguntó: ¿Quién?. Kaspárov suspiró y respondió: “El tiempo, Pep, el tiempo…”

Algo similar pareciera suceder con Lionel Messi. El mejor jugador de su tiempo, aficionado a romper récords y ser amo y señor de las esperanzas de 40 millones, parece encontrar en el tiempo su mayor enemigo. No han logrado batirlo ninguno de los pocos que osaron guantear con él. Lo cierto es que casi nadie quiso guantear con él. Su andar inocente, su magia latente y, sobre todo, esa repulsión a dar títulos grandilocuentes lo alejaron de toda disputa. Messi no ha sido derrotado ni siquiera por el magnífico Cristiano Ronaldo, porque supo transformar a ese rival, esa némesis publicitaria, en un estímulo competitivo bestial para elevar la vara y alcanzar proezas cada día más rimbombantes.

Pero ay, el tiempo. El tiempo otra vez avanza y parirá una nueva cita mundialista y el famoso “plata o mierda” de las apuestas de un país que pide a gritos “traeme la copa, pulga, traeme la co”. Y en estos tiempos renacen las tertulias donde unos pregoneros cantan que “no es lo mismo jugar con Iniesta y Xavi que con Biglia y Banega”, para que el coro opositor grite “el que es bueno es bueno en todos lados”. Y la desesperada hambre, ya por estas horas digamos mejor hambruna de gloria nos alienta a clamar que “para ser mejor que Maradona tiene que ganar un Mundial”. El tiempo parece ser ahora, siempre es hoy diría Cerati. Messi soplará 35 velitas en Qatar 2022 y si bien él no es humano, el alto rendimiento castiga impiadosamente. El tiempo venció a Kaspárov un buen día que no logró sostener la concentración eterna que exige una partida entre blancas y negras. Antes, nadie pudo con él. El tiempo o el paso del tiempo, esa implacable e inexorable sentencia, será quien nos robe a Messi. Nadie más.

Sobre la valija. Las tertulias antes mencionadas pueden ser interrumpidas por algún lúcido que piense que les exigimos más a los 23 mundialistas que a nuestra clase política. Cierto. Pero me atrevo a sugerir que les exigimos más, inclusive, que a nosotros mismos.

Messi se cuidó, descansó y no jugó el amistoso contra España, porque claro como si Macri no tuviera más responsabilidades que usted y sin embargo vacaciona el doble. Messi decide quien juega y quien no en su club de amigos que es la selección Argentina, como si el kirchnerismo no denigraba y sometía con perverso entusiasmo a todo aquel que opinaba diferente. Messi es el mejor del mundo y nunca ganó nada con Argentina, al igual que “el mejor equipo en 50 años”, el gobierno de los CEO que no domó la inflación, sufrío corridas cambiarias y se bajó los lienzos ante el FMI.

Messi no puede caminar la cancha como camina, pero nosotros podemos llegar un poquito tarde al laburo total el jefe está de vacaciones. Messi no puede no meter ese gol cantado, porque nosotros, los infalibles, jamás nos olvidamos de adjuntar un archivo de un mail o mandamos empanadas de carne a los que pidieron de pollo. La pulga nos tiene que traer la copa, seguro y sin poner peros, así como nosotros jamás de los jamases ante un pedido dijimos “bueno, dale, veo que puedo hacer y te aviso”.

Sobre su petisa espalda, Messi carga más que mochila, una tremenda valija. La valija contiene las miserias retóricas de los implacables de la boca para afuera, de los infalibles jamás probados y de los que aguardan, de brazos cruzados, alguna redención. Ojalá ese equipaje se pierda en el avión que lleve a los nuestros hasta Rusia. Seguro que Messi no la va a reclamar.

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